Editorial sesuda de un salteño cincuentón
Al final te das cuenta que uno no es más que un
soldadito en manos de los grandes capitalistas, políticos corruptos y
gobernantes mediocres. Ellos hacen las guerras, plantean las sombrías
estrategias y dejan en banda a los que habían sido aliados antes, provocando
hambre, destrucción y muerte entre el común de la gente, que no tiene padrinos
que los “apañen” ni socios que lo “banquen”. Y ellos siguen como si nada, como
los grandes señores impolutos, que gobiernan y marcan tendencia. ¡Qué pelotudos
que somos! Al final, para comprar un juego de valijas Vuitton con el sueldo que nos paga Macri, o Urtubey. ¡Qué lindo!
Resulta que estos corresponsales de guerra se
ofrecían como voluntarios, armados solamente con una cámara y una credencial de
periodista, y al igual que los soldados de 18 años marchaban a la guerra, a las
zonas más peligrosas, para dejar constancia de las masacres, hambrunas y
bombardeos provocados por estos sesudos políticos y estrategas que lanzaban sus
discursos y planificaban sus genialidades desde cómodas oficinas, con
secretarias atractivas, de carnes firmes y polleras cortas. Los Dickie
Chapelle y Sean Flynn
no eran más que carne de cañón, una pequeña parte más den gran engranaje de la
vida que manejaban los de arriba y no rendían cuenta a nadie.