Y como evitarlos
Y no es que nosotros no lo seamos. Miles de veces,
millones, hemos empleado el “negro de mierda”, para insultar al otro, para
disminuirlo, para hacerlo sentir una basurita, inferior a un “cepe culón”. Y no
nada más los gringos de ojos azules, el “negro de m…” está a flor de labios de
todos, incluidos nativos, autóctonos, morochos de pelo hirsuto y pelopincho.
Y la farándula local está llena de ejemplos.
Federico Bal, judío, dijo que los argentinos somos todos unos “negros de m…” en
una grabación privada. Y lo raro es que Argentina está compuesta de tantas
nacionalidades como las que componen el globo terráqueo. Aquí vinieron a
hacerse la “América” españoles e italianos, rusos y sirios, alemanes y serbios,
ingleses y franceses; pero también africanos, caribeños, asiáticos. Somos una
mezcla de sangres, culturas, tradiciones. Todos hemos probado, o comemos
diariamente, empanadas árabes, pizzas, picante de pollo, chanfaina, chipá o cuñapé, fejoada.
Vean
lo que dicen algunos medios en EEUU:
Soy “bueno” para los estándares de los
norteamericanos, o al menos “mejor”. Mi piel es clara, la mayor parte del
tiempo me visto como un profesional de clase media y mi manera de hablar delata
un grado de asimilación a la masa americana blanca…