Estamos tan mal en Salta que nos creemos unos Muhammad
Ali o Ringo Bonavena y aunque no tengamos razón andamos a las “puteadas”
y puñetazos por la calle, enojados con todos y con todo. Supongo que la crisis
económica, la inflación, Macri o Cristina, o los dos juntos, nos ponen los
pelos de punta y nos transforman el humor. Se acabó la educación y las buenas
costumbres, y también la tranquilidad.
Lo vengo viendo a diario desde hace mucho tiempo. Un
chofer de una línea urbana de ómnibus había rozado el auto de un rugbista. El damnificado
se bajó furioso y golpeó al osado conductor. ¿Resultado? El chofer del ómnibus terminó
en silla de ruedas. Hace muy poquito un inspector de la municipalidad recibió
un botellazo en la cabeza de parte de un vendedor callejero ofuscado. ¿Y si lo
mataba? ¿No estaba ese hombre acaso cumpliendo con su trabajo? Si las leyes
dicen que no puedo vender en la calle, a cierta hora, NO puedo vender en la
calle y punto. Hay que respetar las leyes. Todos tenemos derechos y
obligaciones. No veo que se solucione un problema apelando a la pelea, el
insulto o la metralleta. Si leemos las noticias alrededor del mundo, dentro de
todo, no hemos llegado a esos extremos en los que la víctima agarra una AK 47 y
sale a matar. Podemos mejorar, desde lo público y lo privado, podemos genera
discusiones y planes para mejorar en el disenso y la discusión. Seguramente no
pienso igual que mi vecino pero esto no quiere decir que le voy a saltar al
cuello a tratar de asfixiarlo.