Editorial de Color
Esto es simple y no admite rodeos. Los Pantera Negra existían porque la
sociedad norteamericana estaba enferma. Había abusado de la gente de raza negra
por años y entonces decían basta. Y es que te quemen, te vuelen, te incendien y
se metan con tu familia solo por ser de otro color, y sin pagar las
consecuencias, puede hacer que cualquiera busque una salida en la violencia, en
un arma. Y la juventud de estos chicos, de 20 o 22 años, diciéndole basta al
gobierno, al FBI, a la policía, a la prensa,
a la sociedad, era admirable. No es de extrañar que los artistas, las
actrices, los intelectuales, apoyaran a Los
Pantera. Inspiraban, daban un ejemplo.
La sociedad norteamericana le había dado la espalda
a la justicia por los crímenes raciales y se hacían a plena luz del día, con la
complicidad de la policía. Incluso era un privilegio ser Gran Maestre del Clan,
llevar a los niños al ahorcamiento de un desafortunado negro, o vestir esas
largas capuchas para participar todos en el gran secreto de lo que hacían. ¡Enfermos!
Estaban enfermos porque no se podía entender que se sintieran superiores, que
mataran a niños por algún extraño motivo. Y participaban todos, el carpintero
que preparaba los cajones, el comisario que facilitaba las armas, el granjero en
cuya tierra se realizaría la ejecución, el ama de casa que dejaba que sus niños
participaran de las ejecuciones. Estaban enfermos, o lo están.