Y el sexo
El culturismo, las pesas, fue siempre el deporte que
se hacía en el sótano de casa, en el garaje, con implementos fabricados por uno
mismo, y con la ropa rotosa que usábamos para cortar el pasto; al menos así lo
fue para John Grimek o Dave Draper. Imagino a un Sergio Oliva, con la remera
rota haciendo los curls para sus fabulosos brazos.
Lejos estaba de la época que impondría Arnold, el de
las estrellas de Hollywood y el glamour. A partir de allí nos llegarían las
noticias de sus conexiones con la aristocracia y sus famosas películas, y sus
éxitos comerciales. Arnold había cumplido el sueño americano.
El culturismo era más bien eso que se hacía a
escondidas y porque eras rarito o te gustaba demasiado mirarte al espejo. Pero también
era otra sociedad, que veía con malos ojos cualquier diferencia. ¿Homosexual,
lesbiana? Eran malas palabras. Las cosas fueron cambiando, abriéndose a la
discusión, consiguiendo lugares que antes era imposible. Había homosexuales entre los culturistas, pero
también entre los futbolistas y los rugbistas. Tendría que llegar un Bob Paris para discutir el tema y
sacarlo a la luz.